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Dame la fuerza para luchar – “Manuela y Simón” en Quito

El 24 de mayo de 2022, Quito celebró su “Bicentenario”, el aniversario 200 de la Batalla del Pichincha, en la que los patriotas al mando de Antonio José de Sucre, derrotaron al ejército realista y sellaron así la independencia de Ecuador de la corona española. Simón Bolívar, el “libertador de América del Sur”, no tomó parte en la batalla porque se detuvo peleando en Pasto, al sur de lo que hoy es Colombia. Pero, poco después entró a Quito con gran aclamación. Durante esta estancia conoció a Manuela Sáenz, la hija natural de un noble español, mujer comprometida en la lucha por la libertad, quien pronto se convirtió en su amante. Bajo el título “Manuela y Simón – Música de cuando Quito se declaró libre”, estudiantes de la Universidad Central presentaron una síntesis de las artes en la Casa de la Cultura Ecuatoriana, el día de la Batalla de Pichincha, e inspirada en melodías del Quito de 1820.

El Teatro Nacional, con sus 1500 butacas, en esta ocasión se llenó por completo; tampoco hubo mucho espacio en el escenario: alrededor de 60 estudiantes de la Carrera de Artes Musicales conformaban la “Orquesta de la Independencia”, integrando a la vez instrumentos sinfónicos y autóctonos (como quenas, marimbas y zampoñas) que actualmente se estudian en la carrera de música. La orquesta, dirigida por Juan Carlos Panchi y César Santos Tejada, estuvo complementada por un coro de veinte estudiantes y un conjunto de danza interdisciplinario. Moderaron el evento dos experimentados actores y narradores, los docentes Santiago Rodríguez y Madeleine Loayza.

Dos mundos musicales se encuentran

El Quito musical de principios del siglo XIX se caracterizó por dos mundos que no podían ser más diferentes: la música tradicional, pentatónica del pueblo andino, interpretada en su mayoría con instrumentos de viento y percusión, que era lo que la gente común escuchaba y tocaba fuera de los servicios católicos. Los colonos y mestizos de origen español, por otro lado, tuvieron contacto con la música religiosa y cada vez más secular de los gobernantes coloniales europeos, que fue asimilada por compositores locales y desarrollada en su propio estilo.

Ambos elementos confluyen en una colección, del año 1848, de “varias tocatas de violín antiguas y nuevas”, cuyas melodías bailables forman la base de la mayoría de los arreglos sinfónicos de “Manuela y Simón”. Tarea nada fácil, este paso de una forma tan pequeña a una tan grande. Las piezas orquestales “simbióticas” resultantes fueron escritas por Pablo Guerrero Gutiérrez, un incansable y meticuloso investigador de la historia de la música ecuatoriana, y por Juan Carlos Panchi, Coordinador de la carrera de Artes Musicales, entre otros.

La velada comenzó con sonidos folklóricos, o más bien místicos, que, según el excelente folleto del programa, querían evocar la diversidad musical del Ecuador. Pero las siguientes piezas ya cerraron la brecha entre el nuevo y el viejo mundo, entre eventos revolucionarios en dos continentes. A estas composiciones las llamaron “El Yacovino” (Jacobino) y “La guillotina”. En esta su ritmo marcial y su melodía abiertamente hacen alusión a la Marsellesa, para luego convertirse en una ligera pieza de baile.

Melodías que acompañaron la lucha por la independencia

Muchas de las composiciones compiladas en la edición del 1848 tienen títulos originales que hacen referencia a hechos de la lucha por la independencia de Quito: “La derrota en el Panecillo” o “1° Pichincha”, presuntamente en homenaje a un batallón de luchadores por la independencia que se denominaba así. Y se vuelve aún más específico: “Este valse tocaba la tropa cuando Bolívar entró a Quito”, dice el manuscrito de 1848. Además del vals “moderno” a la época, la contradanza ya un tanto anticuada, aparentemente figuraba entre las danzas preferidas de los quiteños: en la serie de Netflix “Bolívar”, Manuela Sáenz baila esta danza grupal con su futuro amante, a quien acaba de conocer en persona, tal como ella lo escribió en una carta.

En la Casa de la Cultura las cosas ahora se animan con una “Bomba”, un baile tradicional de la población afroecuatoriana del Valle del Chota, que aún hoy es popular en Ecuador; el ritmo en el escenario aumenta, al igual que el entusiasmo en el auditorio. Una de las bailarinas balancea una botella sobre su cabeza sin detenerse en su movimiento de caderas: el público aplaude con fuerza. Y el siguiente “Capuchino”, en realidad un vals con toques de música de salón, también contribuye significativamente a la atmósfera.

No se ha hablado aún de los bailarines. Los doce jóvenes provenientes de todo el Ecuador le dan a la actuación la viveza que de otro modo tal vez le hubiera faltado a un concierto tan sabiamente abordado. Corren, saltan, ruedan por el suelo, transformando lo escuchado en algo concreto y vivido, creando entre la música y el público una conexión, que con su corporeidad recuerda representaciones de “La consagración de la primavera” de Stravinsky. Y así también forman un vivo contraste con las imágenes de aspecto un poco pálido en el fondo del escenario.

La Universidad Central es la universidad más antigua de Ecuador, pero se ve frente a muchos retos

La Facultad de Artes de la tradicional Universidad Central, la más antigua del Ecuador, cuenta con 1100 estudiantes. “La educación es más importante que cualquier cosa”, se puede traducir su lema del latín. “Nuestros estudiantes provienen de las zonas más pobres del país”, explica la decana de la Facultad de Artes, Carmen Jijón. Lo que muchos estudiantes de costosas universidades privadas dan por sentado, como tener una buena educación y acceso a los estudios de arte, música y danza, a estos jóvenes les ha costado gran esfuerzo. 

“Dame la fuerza para luchar, Manuela” cantan en el estribillo final, escrito para la ocasión por el docente y compositor Luis Rodríguez Pazmiño. Un guiño que incita a recordar la sonoridad de la Carmina Burana. En cualquier caso, no faltan las emociones en esta velada. En la prensa circulan estos días comentarios sobre una supuesta campaña de la nueva dirección de la “Casa de las Culturas”, como ahora se hace llamar en las redes sociales, contra el eurocentrismo y la herencia colonial. Llamémoslo pragmáticamente solo una expresión de confianza en sí mismo. “Adelante, adelante, adelante Universidad Central”, esclama la sala mientras los músicos y bailarines hacen reverencias. Uno solo puede estar de acuerdo con eso. (Adaptación del Alemán: Andrés Torres, Marcela García, Benita Schauer)

25 de mayo de 2022

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Musik

“Manuela y Simón” in der Casa de la Cultura

Am 24. Mai 2022 feiert Quito sein „Bicentenario“, den 200. Jahrestag der Schlacht am Vulkan Pichincha, in der die Aufständischen unter Antonio José de Sucre das spanientreue Heer schlugen und damit die Unabhängigkeit Ecuadors von der spanischen Krone besiegelten. Simón Bolivar, der „Befreier Lateinamerikas“, nahm an der Schlacht nicht teil, da er durch Kämpfe in Pasto, im Süden des heutigen Kolumbiens, aufgehalten wurde, zog aber wenig später umjubelt in Quito ein. Bei diesem Aufenthalt lernte er Manuela Sáenz kennen, uneheliche Tochter eines spanischen Edelmannes und engagierte Freiheitskämpferin, die alsbald seine Geliebte wurde. Unter dem Titel „Manuela und Simón – Musik aus der Zeit, als Quito seine Unabhängkeit erklärte“, präsentieren Studenten der Universidad Central am Tag der Schlacht von Pichincha in der Casa de la Cultura Ecuatoriana ein Gesamtkunstwerk, dessen Inspiration Melodien aus dem Quito der 1820er Jahre bilden.

In dem mit 1500 Zuschauern vollständig gefüllten Saal ist auch auf der Bühne an diesem Abend nur wenig Platz: Rund 60 Studierende des Fachbereiches für Musik bilden das eigens formierte „Orchester der Unabhängigkeit“, das unter der Leitung von Juan Carlos Panchi und César Santos Tejada symphonische und einheimische Instrumente wie Quena und Zampoña vereint. Dazu ein zwanzigköpfiger Chor, ein interdisziplinär genanntes Tanzensemble, und das Ganze moderiert von den souverän agierenden Schauspielern und Dozenten Santiago Rodriguez und Madeleine Loayza.

Zwei musikalische Welten treffen aufeinander

Das musikalische Quito zu Beginn des 19. Jahrhunderts war geprägt durch zwei Welten, die unterschiedlicher nicht hätten sein können: Die traditionelle, pentatonisch geprägte Musik der Andenbevölkerung, meist von Blas- und Schlaginstrumenten interpretiert, war das, was die einfache Bevölkerung außerhalb der katholischen Gottesdienste hörte und spielte. Die bereits in Lateinamerika geborenen spanischstämmigen Siedler und Mestizen dagegen hatten Kontakt zur religiösen und zunehmend auch weltlichen Musik der europäischen Kolonialherren, die von Komponisten vor Ort aufgenommen und in ihrem eigenen Stil weiterentwickelt wurde. 

Beide Elemente vereinen sich in der 1848 in Quito zusammengestellten Ausgabe von „Alten und neuen Toccaten für Violine“, deren tänzerische Melodien die Grundlage der meisten symphonischen Arrangements von „Manuela y Simón“ bilden. Keine leichte Aufgabe, dieser Schritt von der ganz kleinen zur ganz großen Form. Die meisten der so entstandenen „symbiotischen“ Orchesterstücke entstammen der Feder von Pablo Guerrero Gutiérrez, einem unermüdlichen und präzisen Forscher zur ecuadorianischen Musikgeschichte. Der Abend beginnt mit volkstümlichen, eher mystischen Klängen, die laut dem exzellenten Programmheft die musikalische Vielfalt Ecuadors evozieren sollen. Aber schon die nächsten Stücke schlagen die Brücke zwischen Neuer und Alter Welt, zwischen revolutionären Ereignissen auf zwei Kontinenten. „Der Jakobiner“ und „Die Guillotine“ nennen sich die beiden Kompositionen, von denen letztere ganz unverhohlen auf Melodie und Duktus der Marseillaise anspielt, um sich anschließend in ein eher leichtfüßiges Tanzstück zu verwandeln.

Melodien, die den Kampf um die Unabhängigkeit begleiteten

Viele der hier bearbeiteten Kompositionen tragen Originaltitel, die auf Ereignisse des Unabhängigkeitskampfes von Quito verweisen: „Die Niederlage am Panecillo“ oder „1° Pichincha“, vermutlich eine Referenz an ein so benanntes Batallion der Unabhängigkeitskämpfer. Und es wird noch konkreter: „Diesen Walzer spielten die Soldaten, als Simón Bolivar in Quito einzog“, heißt es in dem Manuskript von 1848. Neben dem modernen Walzer zählte offenbar auch der schon etwas altmodische Kontratanz zu den bevorzugten Tänzen der Quiteños: In der Netflix-Serie „Bolivar“ tanzt Manuela Sáenz mit ihrem zukünftigen Liebhaber, den sie gerade erst persönlich kennengelernt hat, diesen Gruppentanz – so wie es auch aus ihren Briefen an Bolivar überliefert ist.

In der Casa de la Cultura aber wird es jetzt lebhaft: Mit der „Bomba“, einem traditionellen Tanz der afroamerikanischen Bevölkerung des Chota-Tals, der bis heute in Ecuador populär ist, steigt das Tempo auf der Bühne wie auch die Begeisterung im Zuschauerraum. Eine der Tänzerinnen balanciert eine Flasche auf dem Kopf, ohne dabei im Hüftschwung innezuhalten – das Publikum applaudiert lautstark. Und auch der folgende „Kapuziner“ (Capuchino), eigentlich ein Walzer mit Salonmusik-Anklängen, trägt deutlich zur Stimmung bei. 

Von den Tänzern war bisher noch nicht die Rede. Die zwölf jungen Leute aus ganz  Ecuador geben der Aufführung die Lebendigkeit, der bei einem so wissenschaftlich angegangenen Konzert sonst vielleicht gefehlt hätte. Sie rennen, springen, rollen über den Boden, machen das Gehörte konkret und plastisch, schaffen eine Verbindung zwischen Musik und Zuschauern, die in ihrer Körperlichkeit an Aufführungen des „Sacre du Printemps“ von Strawinsky erinnert.  Und bilden so auch einen lebendigen Kontrast zu den etwas blutleer wirkenden Bildprojektionen im Bühnenhintergrund.

Die Universidad Central ist die älteste Universität Ecuadors – und eine der ärmsten

1100 Studenten hat die Fakultät für Bildende und Darstellende Kunst an der traditionsreichen Universidad Central, der ältesten Universität Ecuadors. „Wichtiger als alles ist die Bildung“, lautet ihr Motto. „Unsere Studierenden kommen aus den ärmsten Gegenden des Landes“, erläutert die Dekanin der Fakultät, Carmen Jijón. Was für viele Studierende teurer Privatuniversitäten selbstverständlich ist, eine gute Ausbildung, Zugang zu Kunst, Musik und Tanz, haben sich diese jungen Leute hart erarbeitet. 

„Da me la fuerza para luchar, Manuela“ (Gib mir den Mut zu kämpfen) singen sie in dem für den Anlass geschriebenen Schlusschor des Komponisten Luis Rodríguez Pazmiño. Ein Schelm, wer sich dabei klanglich an die Carmina Burana erinnert fühlt. An Emotionen jedenfalls mangelt  es nicht an diesem Abend. Dieser Tage kursieren in der Presse Kommentare zu einer angeblichen Kampagne der neuen Leitung der „Casa de las Culturas“, wie sie sich in den sozialen Medien nun nennt,  gegen Eurozentrismus und koloniale Erblasten. Nennen wir es pragmatisch einfach eine Äußerung von Selbstbewusstsein. „Adelante, adelante, adelante Universidad Central“ (Vorwärts, Universidad Central), ruft der Saal, als sich die Musiker und Tänzer verbeugen. Da kann man nur mit einstimmen.

25. Mai 2022

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“Siempre de protesta” – la musicóloga Inés Muriel

“Desde las salas de concierto de Latinoamérica”, reporta la voz femenina con un ligero acento, pero en selecto alemán. Inés Muriel presenta en Radio DDR II, de la RDA, un resumen de lo que pasa en el mundo de la música clásica en las grandes urbes de Latinoamérica, informa sobre una presentación del Cuarteto Ulbrich de Dresda en La Habana, elogia la “política musical consecuente y efectiva de Cuba”. Estamos en el año 1977. La ecuatoriana Inés Muriel Bravo vive desde inicios de los sesentas en la RDA. Los programas radiales concebidos y producidos por ella en aquella época dibujan la imagen de una mujer erudita, militante y sumamente disciplinada; son testimonio de una vida agitada y a su vez retraída entre Ecuador, Colombia y Alemania.

Nacida en la ciudad ecuatoriana de Riobamba en 1926, fue hija de inmigrantes colombianos. Posteriormente, se mudó junto con sus padres a Quito, la capital, en cuyo Conservatorio recibió clases de piano y canto. Junto con su hermano Guillermo Muriel, un año menor que ella, quien más tarde llegaría a ser un conocido pintor, militó en círculos izquierdistas siendo miembro activo del Partido Comunista del Ecuador.

Por medio del Partido Comunista, a estudiar musicología en la RDA 

Continuó con su militancia luego de mudarse con sus dos pequeñas hijas a Colombia en 1957. Pero en ese tiempo de la Revolución Cubana, marcado por la violencia y la represión, la afiliación al partido representaba para ella un riesgo permanente. El Partido Comunista Colombiano le facilitó, finalmente, una beca política, y fue así que emigró a la RDA en 1963. Inés Muriel quería ocuparse allá de aquello que siempre le había interesado: la música y la musicología. Y quería ver cómo era posible que “sobre el suelo de un antiguo estado fascista pudiera formarse un sistema socialista”, relata su hija Lucía Muriel.

Antes de los estudios, la RDA la puso a sudar: la incipiente musicóloga habría de ganarse su plaza universitaria con trabajo práctico en una fábrica de lámparas. Solo entonces ─tenía treinta y tantos años─ pudo matricularse en la Universidad de Leipzig. La ciudad donde presentó su tesis de graduación sobre la “Cultura musical de los jívaros del Ecuador” se convirtió en su tierra por 18 años: “Creo que no podía ser mejor”, dijo en una entrevista con Rodrigo Villacis Molina en 1980. Trabajó para la radio de la RDA, asistió a artistas como Mercedes Sosa y Oswaldo Guayasamín durante sus estadías; evidentemente, tenía buenas conexiones. Pero ello no le impedía lidiar con aquello que no funcionaba bien en la RDA, ─“siempre de protesta”, dicen que estuvo ─.

“No le voy hacer competencia a nadie”: intento de regreso al Ecuador

Obviamente, existía absoluto interés de parte de la cátedra de Leipzig en llegar a saber más acerca del mundo musical de Latinoamérica por medio de la becaria. “Pero”, como le escribió, resignadamente, al compositor Luis Humberto Salgado en 1967, “nuestros queridos compatriotas ni siquiera por cortesía contestan < a las consultas pertinentes provenientes de Alemania>”. Sin embargo, quería regresar a Ecuador. Tenía la esperanza de un empleo en el Conservatorio, quizás también de la ayuda del compositor Gerardo Guevara, quien, luego de sus estudios en Francia, se convirtió en director titular de la Orquesta Sinfónica Nacional y, más tarde, en director del Conservatorio. Pero fue en vano: que estaba sobrecalificada, se dijo lacónicamente, lo cual Inés Muriel lo interpretó para sí de esta manera: “…les tiene miedo a quienes han superado los niveles de la aldeana mediocridad <…>  Sin embargo, no le voy a hacer competencia a nadie! No soy compositora, no soy directora de orquesta <…> Los machos siempre le cortan el camino a la mujer.”

El trompetista y compositor Édgar Palacios le consiguió, finalmente, una función en el Conservatorio de la melómana localidad de Loja. Ahí investigó sobre la música del pueblo saraguro, incluso llevó a algunos saraguros jóvenes de alumnos a Loja, entre ellos al ulterior dirigente indígena Luis Macas. Luego de seis meses, cuando al Conservatorio se le agotaron los recursos, Muriel encontró un empleo en un proyecto de la UNESCO acerca de las fiestas tradicionales del Ecuador. Pero ahí también se chocaron la ambición científica de la investigadora y la realidad ecuatoriana: el informe final que redactó Muriel rebosaba de quejas de la mala planificación, la falta de equipamiento técnico y el inexistente apoyo de parte del personal.

Por segunda vez: emigración a Colombia

Por ello, cuando la Universidad Libre de Bogotá le hizo una oferta de trabajo como docente en la facultad de musicología de esa institución, Inés Muriel no dudó en aceptarla. Emigró por segunda vez a Colombia… y ahí se quedó. Dio clases, gozando del afecto y respeto de sus alumnos, hasta más allá de sus ochenta años; produjo, aún a los 77 años, notas radiales sobre la música del siglo XX. La música ecuatoriana no aparece en sus más de 200 programas de ese tiempo, ahora disponibles en línea, a excepción de Gerardo Guevara, a quien le dedicó un único programa.

En Ecuador, hay solo unas pocas personas que se acuerdan de la doctora Muriel. En los archivos alemanes, dormitan los informes del servicio de inteligencia de la RDA. En Colombia, la COVID y sus consecuencias impiden el acceso a bibliotecas y registros académicos que podrían revelar informaciones más precisas sobre su actividad. La persona Inés Muriel, de quien unos hablan con admiración, otros, con incomprensión, pero unos pocos, con conocimiento, se sustrae ampliamente al acercamiento periodístico. En las fuentes constan cuatro diferentes años de nacimiento, pero ninguna foto suya. Inés Muriel es hoy en día sobre todo: una voz. La musicóloga falleció el 9 de enero de 2022 en Bogotá. (Traducción del Alemán: Enrique Novas)

26 de abril de 2022

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La Casa de la Música – el sueño de vida de Gi Neustätter

Cuando toca la Orquesta Sinfónica Nacional de Ecuador (OSNE), la gran sala de la Casa de la Música de Quito y sus 700 asientos tapizados de rojo, está repleta. Se llena tanto como se puede en tiempos de Coronavirus. Familias, estudiantes, parejas de adultos, se encuentran y saludan con amigos y conocidos que son parte de los asistentes. El programa de esta noche de febrero es del gusto de la Orquesta y de su Director titular adjunto Yuri Sobolev, el concierto para violín de Dvořák, y la Sinfonía Manfred de Chaikovski, tan poco interpretada. El solista de la noche, Pawel Kopcynski, y los instrumentos de bronce situados en la galería, interpretan con total entrega. El público queda impresionado. Gisela Neustätter estaría muy satisfecha. “Gi” está presente en todas partes. Sus iniciales redonditas adornan las paredes, las puertas y los programas de la Casa de la Música. 

Para dar a la música clásica espacio y oportunidades de desarrollo en su país de adopción, el Ecuador, esta señora que emigró de Munich, Alemania, en 1935 no escatimó en gastos. La moderna sala de conciertos que donó a Quito, no sólo fue una expresión de su genuino amor por la música, si no tambien un generoso acto de agradecimiento al país que había acogido a la pareja judía Hans y Gisela Neustätter, después de que huyeran de Alemania vía Francia. 

En el centro histórico de Quito, la joven Gi abrió una tienda de ropa y artículos femeninos, que pronto se convirtió en un centro de atracción para la alta sociedad de la ciudad. “Allí podías conseguir cosas que no había en ningún otro sitio: vestidos confeccionados según modelos parisinos, guantes de cuero blanco, preciosa lencería… y todo empaquetado en cajas de color rosado muy especiales que portaban las letras “Para Ti”, que era el nombre de la tienda”, recuerda una señora mayor.

Gisela y Hans Neustätter (cortesía de la Casa de la Música)
Una mujer enérgica, moderna, encantadora y directa

Se cuenta que “Madame Gi”, como la llamaban,  era muy moderna y “chic“, encantadora, independiente y muy directa. Una mujer que fumaba cigarillos y que expresaba sus ideas con claridad y hacía que se cumplan. Su hermano mayor, Philipp Tolziner, había estudiado en la Bauhaus de Dessau, y en 1931 aceptó un puesto en Moscú para poner en práctica las técnicas que había aprendido. El diseño de la casa de los Neustätter en la calle Whimper, a donde Gi y su marido se mudaron en 1955, y que hoy alberga el restaurante “Chez Jérôme”, también estaba influenciado por la Bauhaus. La casa se considera un ícono de la arquitectura residencial moderna en el Quito de aquella época. Fue construida por el reconocido arquitecto praguense Karl Kohn, quien también había emigrado de su país. 

Como muchos otros emigrantes europeos en Ecuador, los Neustätter se integraron económicamente en su nueva patria sin mucha dificuldad. Hans Neustätter se convirtió en un exitoso empresario de la industria del metal. Una de las empresas que fundó se especializó en la construcción de puentes, otra en la fabricación de tuberías y accesorios para instalaciones sanitarias; por todo el país se encontraban sus obras. Con el tiempo, la pareja se volvió adinerada. Sin embargo, siempre sintieron la necesidad de devolver al Ecuador y a su gente algo en retribución de lo que habían recibido aquí. Hans y Gi crearon fundaciones benéficas, apoyarona jóvenes dotados con becas de estudios, financiaron la construcción de un coliseo en el Colegio Einstein en Quito. En su propia casa vivían con cierta austeridad. Como todas las familias más acomodadas del país, empleaban personal, pero cuando tenían invitados, la señora de la casa era la que cocinaba.

Promover la música: una misión educativa 

“Gi era una persona que siempre quería dar a los demás”, recuerda la musicóloga Ketty Wong, quien fue su amiga durante mucho tiempo. Aunque nunca pudo aprender a tocar un instrumento, la música era su amor especial: Todos los viernes por la noche, se podía encontrar a Gisela Neustätter en los conciertos de la Orquesta Sinfónica en el Teatro Sucre, situado en el centro histórico de Quito. Su palco estaba ubicado justo al lado del palco presidencial. Durante muchos años apoyó económicamente a la OSNE y a sus músicos. 

Tras la muerte de su marido en 1993, la viuda dedicó toda su energía a la realización de un antiguo sueño común, dotar a Quito de una gran sala de conciertos. Como siempre en su vida, Gi, que ya tenia 82 años, tomó las riendas del asunto en sus manos. Solicitó al Municipio de la ciudad de Quito el terreno que luego recibió en comodato para la construcción. En base a los diseños de los arquitectos Belisario Palacios e Igor Muñoz, se puso en contacto con la empresa de acústica alemana Müller-BBM, con sede en Múnich. El hecho de que hoy se pueda escuchar la música con igual calidad, desde todas las butacas de la Casa de la Música, se debe principalmente al perfeccionismo de su patrocinadora. Los materiales sencillos, las líneas claras y la escasa decoración del edificio responden al ideal que ella predicaba: “Nada superfluo, sólo lo necesario, como la buena música”.

Involucrada en las obras hasta su muerte

En el 2002, después de mucho retraso, finalmente iniciaron las obras de construcción de la Casa de la Música. Una amiga de la Gi la llevaba regularmente para comprobar el progreso de la obra. Gisela seleccionó personalmente la tela beige prevista para las sillas de la sala grande. Su sueño de instalar un gran órgano fracasó debido a los gastos elevados que eso hubiera supuesto. 

Cuando Gi falleció en agosto de 2004, las butacas ya estaban instaladas. El concierto inaugural de la OSNE bajo la batuta de Álvaro Manzano, el 8 de abril de 2005, tuvo que celebrarse sin su presencia. En esta ocasión, el programa también incluía a Dvořák y Chaikovsky, además de una obra del compositor ecuatoriano más importante, Luis Humberto Salgado

Hoy, tras un periodo de poca actividad de casi dos años, debido a la pandemia, la Casa vuelve a ofrecer un programa variado. Además de las actuaciones mensuales de la OSNE, hay conciertos populares y folclóricos. La pequeña sala de música es un escenario amado por grupos de música de cámara y los “Domingos chiquitos” están diseñados para atraer a familias jóvenes. Al final, las butacas de la gran sala no fueron tapizadas en beige, el color favorito de Gisela Neustätter. Pero esto no debería impedir  la “educación musical de nuevos oyentes” con la cual soñaba la fundadora. “Creo que la Casa de la Música se utiliza hoy como Gi hubiera querido” dice Ketty Wong. 

(07.03.2022 Traducción al Español: Benita Schauer y Marcela García)

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Die Casa de la Música – Lebenstraum der Gi Neustätter

Wenn das nationale Sinfonieorchester von Ecuador spielt, ist der große Saal der Casa de la Música mit seinen 700 Plätzen voll besetzt. Oder so voll, wie es eben sein darf in Corona-Zeiten. Familien, Studenten, ältere Ehepaare begrüßen Freunde und Bekannte, verteilen sich auf den rot gepolsterten Sitzen. Das Programm an diesem Februarabend ist eines nach dem Geschmack des Orchesters und seines stellvertretenden Chefdirigenten Yuri Sobolev: Dvořáks Violinkonzert und die selten gespielte Manfred-Sinfonie von Tschaikowski. Der Solist des Abends, Pawel Kopcynski, und die auf der Empore platzierten Blechbläser geben alles, das Publikum ist beeindruckt. Gisela „Gi“ Neustätter wäre zufrieden gewesen.

„Gi“ überall. Ihre geschwungenen Initialen schmücken die Wände, die Türen, die Programme der Casa de la Música. Um der klassischen Musik in ihrer Wahlheimat Ecuador Raum und Entwicklungsmöglichkeiten zu geben,  scheute die mit ihrem Mann 1935 aus Deutschland emigrierte Münchnerin keinen Aufwand. Der von ihr gestiftete moderne Konzertsaal in Quito war und ist nicht nur Ausdruck einer genuinen Liebe zur Musik; er sollte auch eine Danksagung an das Land sein, das das jüdische Ehepaar Hans und Gisela Neustätter nach seiner Flucht aufgenommen hatte.Über Frankreich waren die beiden in ihre neue Heimat gekommen. Im historischen Zentrum von Quito eröffnete die junge Gi ein Geschäft für Damenbekleidung, das bald zu einem Anziehungspunkt für die bessere Gesellschaft der Stadt wurde. „Dort bekam man Dinge, die es einfach nirgendwo anders gab: Kleider geschneidert nach Pariser Modellen, weiße Lederhandschuhe, schöne Wäsche – und das alles verpackt in ganz besonderen rosafarbenen Schachteln mit dem Schriftzug ‚Para Ti‘, dem Namen des Geschäfts“, erinnert sich mit leuchtenden Augen eine ältere Dame. 

Gisela und Hans Neustädter ( © Casa de la Música)
Eine tatkräftige Frau – modern, charmant und direkt

Modern und schick sei „Madame Gi“  gewesen, heisst es immer wieder; eine charmante, unabhängige, sehr direkte Frau, die Zigarette rauchte. Ihre Vorstellungen brachte sie klar zum Ausdruck und setzte diese auch durch. Ihr älterer Bruder Philipp Tolziner hatte am Bauhaus in Dessau studiert und 1931 eine Stelle in Moskau angenommen, um die erlernten Techniken dort praktisch anzuwenden. Vom Bauhaus beeinflusst war auch das Haus des Ehepaares Neustätter in der Calle Whimper, das Gi und ihr Mann 1955 bezogen, und das heute das Restaurant “Chez Jérôme” beherbergt: Es war von dem ebenfalls emigrierten Prager Architekten Karl Kohn gebaut worden und galt damals als Ikone moderner Wohnarchitektur in Quito. 

Die wirtschaftliche Integration in der neuen Heimat gelang den Neustätters, wie vielen anderen europäischen Emigranten in Ecuador, schnell. Hans Neustätter wurde zu einem erfolgreichen und bekannten Unternehmer in der Metallindustrie. Eine der von ihm gegründeten Firmen spezialisierte sich auf den Bau von Brücken überall im Land, eine andere auf die Fabrikation von Rohren und Armaturen für sanitäre Anlagen. Das Paar war wohlhabend. Immer jedoch verspürten sie den Wunsch, dem Land Ecuador und seinen Menschen ein wenig von dem zurückzugeben, was sie, so empfanden sie es wohl, hier empfangen hatten. Hans und Gi gründeten wohltätige Stiftungen, förderten begabte Studenten, statteten die jüdische Schule Quitos mit einer Sporthalle aus. In ihrem eigenen Haus lebten sie maßvoll; wie alle besser gestellten Familien des Landes beschäftigten sie Angestellte, aber das Kochen übernahm die Hausherrin weiterhin gerne selbst.

Spenden und fördern mit musikalischem Bildungsauftrag

„Gi war ein Mensch, der immer geben wollte“, erinnert sich die Musikwissenschaftlerin Ketty Wong, eine langjährige Vertraute der Mäzenin. Obwohl sie selbst nie ein Instrument erlernen konnte, galt der Musik ihre besondere Liebe: Regelmäßig Freitag abends konnte man Gisela Neustätter bei den Konzerten des Sinfonieorchesters im Teatro Sucre, im historischen Zentrum Quitos, antreffen. Gleich neben der des Staatspräsidenten lag ihre Loge; über viele Jahre unterstützte sie das Orchester und seine Musiker finanziell. 

Nachdem ihr Mann 1993 gestorben war, widmete sich die Witwe mit aller Kraft der Verwirklichung ihres lange gehegten gemeinsamen Traums: Quito einen großen Konzertsaal zu schenken. Wie schon immer in ihrem Leben, nahm die mittlerweile zweiundachtzigjährige Gi die Dinge selbst in die Hand. Mit der Stadt Quito handelte sie aus, dass diese für den Bau das heutige Gelände im Rahmen eines Leihvertrags zur Verfügung stellte. Auf der Basis von Entwürfen der Architekten Belisario Palacios und Igor Muñoz kontaktierte sie das Münchner Akustik-Unternehmen Müller-BBM; dass man heute in der Casa de la Musica auf allen Plätzen ausgezeichnet hört, ist vor allem dem Perfektionsanspruch seiner Stifterin zu verdanken. Die schlichten Materialien, klaren Linien und die sparsame Dekoration des Baus entsprechen dem von ihr gepredigten Ideal: „Nichts Überflüssiges, nur das Notwendige, wie bei guter Musik.“ 

Bis zu ihrem Tod auf der Baustelle präsent

Regelmäßig ließ sie sich ab 2002, als die Bauarbeiten mit viel Verzögerung endlich begannen, von einer Freundin zur Baustelle bringen, kontrollierte den Fortschritt. Den für die Stühle des großen Saales geplanten beigefarbenen Stoff suchte sie persönlich aus. Nur der von ihr erträumte Einbau einer großen Orgel scheiterte schließlich an den Kosten. Die Sitze waren bereits installiert, da starb die hochbetagte Gi im August 2004. Das Eröffnungskonzert mit dem Nationalen Sinfonieorchester unter Álvaro Manzano am 08. April 2005 musste ohne die Mäzenin stattfinden. Auch damals standen, neben dem wichtigsten ecuadorianischen Komponisten Luis Humberto Salgado, Dvořák und Tschaikowski auf dem Programm. 

Heute bietet das Haus nach einer fast zweijährigen pandemiebedingten Durststrecke wieder ein abwechslungsreiches Programm. Neben den monatlichen Auftritten der OSNE gibt es auch populäre und Folklore-Konzerte. Der kleine Kammermusiksaal ist für junge ecuadorianische Kammermusikgruppierungen eine willkommene Bühne, sonntägliche Kinderkonzerte sollen junge Familien anlocken. Zwar wurden die Sitze des großen Saals am Ende entgegen Gisela Neustätters Wunsch doch nicht beigefarben bezogen – aber der von der Stifterin erhofften „musikalischen Bildung eines neuen Publikums“ dürfte dies keinen Abbruch tun. „Ich denke, dass die Casa de la Música heute so genutzt wird, wie Gi es gewollt hätte“, sagt Ketty Wong. 

2. März 2022

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Musik

„Immer im Protest“ – Inés Muriel als Emigrantin in der DDR

„Aus den Konzertsälen Lateinamerikas“ berichtet die Frauenstimme mit leichtem Akzent, aber in gewähltem Deutsch. Inés Muriel gibt auf Radio DDR II einen Überblick über das klassische Musikleben in den großen Städten Lateinamerikas, erzählt von einem Auftritt des Dresdener Ulbrich-Quartetts in Havanna, lobt die „konsequente und wirksame Musikpolitik Kubas“. Wir schreiben das Jahr 1977. Die Ecuadorianerin Inés Muriel Bravo lebt seit Anfang der Sechziger Jahre in der DDR. Die von ihr konzipierten und produzierten Radiosendungen dieser Zeit zeichnen das Bild einer eigenwilligen, politisch engagierten, hochdisziplinierten Frau. Sie sind Zeugnis eines bewegten und zugleich zurückgezogenen Lebens zwischen Ecuador, Kolumbien und Deutschland.

1926 wurde Inés Muriel als Kind kolumbianischer Einwanderer in der ecuadorianischen Stadt Riobamba geboren. Später zog sie mit ihren Eltern in die Hauptstadt Quito, wo sie am Konservatorium Unterricht in Klavier und Gesang erhielt. Mit ihrem um ein Jahr älteren Bruder Guillermo Muriel, der später ein bekannter Maler wurde, engagierte sie sich in linken Kreisen, war aktives Mitglied der kommunistischen Partei Ecuadors.

Über die KP zum Studium der Musikwissenschaft in der DDR

Dieses politische Engagement setzte sie fort, als sie 1957 mit ihren zwei kleinen Töchtern nach Kolumbien zog. In der von Gewalt und Repression geprägten Zeit der kubanischen Revolution war die Parteimitgliedschaft für sie jedoch ein permanentes Risiko. Die kolumbianische KP verschaffte der alleinerziehenden Muriel schließlich ein politisches Stipendium, und so emigrierte sie 1963 in die DDR. Inés Muriel wollte sich dort mit dem beschäftigen, wofür sie sich immer interessiert hatte: Musik und Musikwissenschaft. Und sie wollte sehen, wie es möglich war, dass „auf dem Boden eines ehemals faschistischen Staates ein sozialistisches System entstehen konnte“, beschreibt es ihre Tochter.

Vor das Studium hatte die DDR den Schweiß gesetzt: Ihren Studienplatz musste sich die angehende Musikwissenschaftlerin durch praktische Arbeit in einer Lampenfabrik verdienen. Erst dann konnte sie sich – sie war Mitte Dreißig – an der Universität Leipzig einschreiben. Die Stadt, in der sie 1968 ihre Diplomarbeit zur „Musik des Volkes der Shuar in Ecuador“ einreichte, wurde ihre Heimat für 18 Jahre: „Es hätte mir dort nicht besser gehen können“, sagte sie 1980 in einem Interview. Sie arbeitete für den Rundfunk der DDR, betreute Künstler wie Mercedes Sosa und Oswaldo Guayasamin bei deren Aufenthalten, war offenbar gut vernetzt. Was sie nicht davon abhielt, mit dem zu hadern, was in der DDR nicht so gut funktionierte – „immer im Protest“ sei sie gewesen, heißt es. 

“Ich hätte ja niemandem Konkurrenz gemacht”: Versuch einer Rückkehr nach Ecuador

Offenbar gab es seitens des Leipziger Lehrstuhls durchaus Interesse, durch die Stipendiatin mehr über die musikalische Welt Lateinamerikas zu erfahren. Aber, so schrieb Muriel 1967 resigniert an den Komponisten Luis Humberto Salgado in Quito, „unsere lieben Landleute sind nicht einmal höflich genug,  auf entsprechende Anfragen aus Deutschland zu reagieren“. Dennoch wollte sie zurück nach Ecuador. Sie hoffte auf eine Anstellung am Konservatorium, vielleicht auch auf die Unterstützung des Komponisten Gerardo Guevara, der nach seinem Studium in Frankreich Chefdirigent des nationalen Sinfonieorchesters und später Direktor des Konservatoriums wurde. Aber vergeblich: Sie sei überqualifiziert, hieß es lapidar. Was Inés Muriel für sich so übersetzte: „Ich bin kein Dirigent, ich hätte niemandem Konkurrenz gemacht. Aber die Leute haben Angst vor jedem, der sich von der hiesigen kleinstädtischen Mittelmäßigkeit abhebt. Die Machos hier verhindern, dass eine Frau vorankommt.“

Der Trompeter und Komponist Edgar Palacios verschaffte ihr schließlich eine Aufgabe am kleinen Konservatorium des musikliebenden Städtchens Loja. Dort forschte sie zur Musik des Volkes der Saraguro, brachte gar einige junge Saraguro als Schüler nach Loja, darunter auch den späteren Indigenenführer Luis Macas. Als dem Konservatorium nach sechs Monaten die Mittel ausgingen, fand Muriel eine Anstellung in einem UNESCO-Projekt zu den traditionellen Festen Ecuadors. Aber auch dort stießen sich wissenschaftlicher Ehrgeiz der Forscherin und ecuadorianische Realität: der von Muriel verfasste Abschlussbericht des Projekts strotzt von Beschwerden über mangelnde Zeitplanung, fehlende technische Ausstattung und nicht vorhandene personelle Unterstützung.

Zum zweiten Mal: Emigration nach Kolumbien

Als die Universidad Libre in Bogotá ihr 1980 ein Angebot machte, an der dortigen musikwissenschaftlichen Fakultät zu lehren, zögerte Inés Muriel deshalb nicht. Sie emigrierte ein zweites Mal nach Kolumbien – und blieb. Unterrichtete, von ihren Studenten gemocht und respektiert, bis über ihren achtzigsten Geburtstag hinaus; produzierte noch mit 77 Jahren wöchentliche Radiobeiträge zur Musik des 20. Jahrhunderts. Ecuadorianische Musik kommt in ihren über 200 online nachzuhörenden Sendungen dieser Zeit nicht mehr vor – mit Ausnahme von Gerardo Guevara, dem ein einziger Beitrag gewidmet ist.

Die alte Dame lebt noch heute in Bogotá. In Ecuador gibt es nur wenige Menschen, die sich an sie erinnern. In den deutschen Archiven schlummern die Berichte der Staatssicherheit. In Kolumbien verhindert Corona samt seinen Folgen den Zugang zu Bibliotheken und alten Vorlesungsverzeichnissen, die genaueren Aufschluss über ihre Tätigkeit gäben. Die Person Inés Muriel, von der die einen mit Bewunderung, die anderen mit Unverständnis, wenige aber mit Kenntnis sprechen, entzieht sich weitgehend der journalistischen Annäherung. Es gibt in den Quellen vier verschiedene Geburtsjahre, aber kein Foto von ihr. Inés Muriel ist heute vor allem – eine Stimme.

12. November 2021

Postscriptum: Inés Muriel Bravo starb am 9. Januar 2022 in Bogotá.

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Musik

Ecuadors neun Sinfonien

Dass Ludwig van Beethoven neun Sinfonien geschrieben hat, ist hinlänglich bekannt. Auch an Bruckner, Schubert oder Mahler mag so mancher sich erinnern. Aber Luis Humberto Salgado? Ein weitgehender musikalischer Autodidakt aus dem ecuadorianischen Cayambe, der in seinem Leben nicht aus seinem Heimatland hinauskam, zwar zweimal Direktor des nationalen Konservatoriums  war, aber von seiner Kunst kaum leben konnte? Der neben seinen Sinfonien acht Solokonzerte, vier Opern, Ballette, Kammermusik sowie zahlreiche Klavierwerke und Lieder schrieb – aber die meisten dieser Kompositionen niemals in einem Konzert hörte?

Der deutsch-mexikanische Dirigent Michael Meissner hat sich seit vier Jahren intensiv mit dem Schaffen Luis Humberto Salgados (1903-1977) beschäftigt und dessen neun Sinfonien nun in einer Aufnahme mit dem Sinfonieorchester von Cuenca bei dem niederländischen Label Brilliant Classics herausgebracht. Eine Mammutleistung, denn als Meissner 2017 sein Amt als Chefdirigent des staatlichen Orchesters in Cuenca antrat, schlummerten die handschriftlichen Partituren der Sinfonien vergessen im Nationalarchiv Ecuadors. 

Über mehrere Jahrzehnte lagen die neun Sinfonien im Archiv

Es galt also zuerst einmal, diese Dokumente abzufotografieren, zu digitalisieren, teilweise auch zu rekonstruieren: Von der ersten, der 1949 abgeschlossenen „Andensinfonie“, fehlte das Finale des letzten Satzes; die Fünfte „Neoromantische“ existierte nur noch als Klavierfassung fast ohne Angaben zur späteren Instrumentierung, so dass die verschollene Orchesterpartitur von Meissner neu erstellt werden musste. Im September 2019 wurden alle neun Sinfonien im Teatro Pumapungo in Cuenca aufgenommen. Erst in diesem Sommer konnte schließlich das Set mit drei CDs herausgebracht werden. Zum ersten Mal sind damit diese in Ecuador einzigartigen Werke der Öffentlichkeit zugänglich gemacht worden.

Folkloristische Themen gehen eine Verbindung mit klassischer Form ein

Wer die ländlichen Feste und feiertäglichen Prozessionen des ecuadorianischen Hochlands kennt, fühlt sich mit der ersten Sinfonie dorthin versetzt: Da läuten die Kirchenglocken, marschiert die Banda, zwitschern die Vögel, tanzt das Volk. Es ist tatsächlich eine „Sinfonía Andina“, die einheimische Tanzrhythmen und Melodien als Inspirationsquelle nutzt: den raschen San Juanito, den elegischen Yaraví, den hüpfenden Aire Típico. Der Komponist legte jedoch in seiner Einführung zur Sinfonie Wert darauf, dass alle seine Themen „Originalthemen des Autors“ seien, von ihm selbst erdacht, nicht populären Volksliedern entnommen.

Nicht umsonst hatte sich Salgado, der durch seinen selbst komponierenden Vater mit Musik aufgewachsen war,  viele Jahre lang mit den Sinfonien der großen europäischen Komponisten seit Beethoven beschäftigt. Die meisten dieser Werke dürfte er nie in einer Aufnahme und schon gar nicht in einem Konzert gehört haben, aber er hatte sie gelesen: Sein Bruder Gustavo, der viel reiste und selbst ausgebildeter Pianist war, brachte ihm wohl regelmäßig aktuelle Partituren aus Europa mit. Und so wusste Luis Humberto Salgado genau, was die Form Sinfonie im klassischen Sinne ausmachte. Er verband diese traditionellen Formelemente geschickt und oft innovativ mit andinen Themen, Rhythmen und Harmoniefolgen. Im Zusammenhang mit seiner ersten Sinfonie schrieb er: „Es wäre kindisch, zu meinen, dass eine reine Orchestrierung volkstümlicher Themen…eine Sinfonie ergäbe; (…) das wäre dann lediglich eine Sammlung folkloristischer Melodien.“

Kompositionen in der Nachfolge Schönbergs

Ganz anders ist dagegen der Höreindruck der Siebten Sinfonie, deren Manuskript Salgado 1970 „Aus Anlass des 200. Geburtstags Beethovens“ dem Beethoven-Haus in Bonn schickte. Das Werk hat über weite Strecken keine klare Tonart und beginnt mit eher abstrakten Motivfetzen, die im Verlauf der Sinfonie immer wieder aufgegriffen werden und dadurch die kompositorische Einheit des Werkes begründen. Seit den Dreißiger Jahren des 20. Jahrhunderts hatte sich Salgado mit der Zwölftontechnik Arnold Schönbergs auseinandergesetzt, sie in seinen Kompositionen selten in Reinform umgesetzt, aber Elemente daraus zunehmend virtuoser in seinen kammermusikalischen und symphonischen Werken verwandt, so wie in dieser Siebten.  Auch hier gibt es im letzten Satz Fanfaren, Glocken, Harfeneinwürfe, aber in einem deutlich komplexeren formellen und harmonischen Rahmen als in der „Andina“. 

Salgado schrieb seine neun Sinfonien über einen Zeitraum von rund fünfunddreißig Jahren. Fast alle tragen von ihm hinzugefügte Untertitel: „Im Rokoko-Stil“ die Dritte, “Zum Jahrestag der Schlacht von Pichincha“ die  Achte, die überraschenderweise kaum ecuadorianische Anklänge bringt. Ein typischer Salgado – Klang zieht sich durch alle Werke. Häufig meint man, sowohl die Einflüsse der dem Komponisten von Kind an bekannten lokalen Blaskapellen, der „Bandas“, als auch der Film- und Bühnenmusik der 20er und 30er Jahre zu hören – als Student verdiente der exzellente Pianist Salgado sein Geld zeitweise durch das Begleiten von Stummfilmen und wandernden Opernkompagnien.

Erstmals sind Werke Salgados nun im Handel auf CD erhältlich

Nach wie vor gibt es vom umfangreichen Werk Luis Humberto Salgados keine im Handel erhältlichen Noten; die zwei existierenden CDs sind nur auf Umwegen zu beschaffen. Die Aufnahme des Sinfonieorchesters von Cuenca ist deshalb die erste überhaupt, welche die Kompositionen Salgados für ein internationales Publikum hörbar macht. In Ecuador selbst wurde von der Produktion bedauerlicherweise bisher kaum Notiz genommen. Bleibt zu hoffen, dass man diese Box demnächst auch vor Ort erwerben kann. 

Luis Humberto Salgado, The 9 Symphonies, Orquesta Sinfónica de Cuenca, Dirigent Michael Meissner, Brilliant Classics 2021. Bestellbar im Internet über alle bekannten europäischen und amerikanischen Anbieter, 3 CDs rund 20 Euro. Ein Interview mit Michael Meissner zu Werk und Aufnahme finden Sie hier.

16. September 2021

 

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Musik

Mehr Musik hören – die Casa del Piano in Cumbayá

Wenn Iván Vásconez über Musik spricht, wird sie lebendig. In Janker und weißem Hemd steht er auf der Bühne und erzählt. Öffnet den Bechstein, setzt sich hin und spielt: „Schauen Sie, hier wechselt in unserem Stück die Erzählerperspektive, das hören Sie im Text, aber auch in dem neuen Rhythmus der linken Hand!“ Wirft eine Zeichnung von M.C. Escher an die Wand, um den Aufbau einer Komposition zu illustrieren.

Französischer Impressionismus im privaten Konzertsaal

Lieder von Gabriel Fauré, Ernest Chausson und Claude Debussy sind es, die der Pianist heute mit der in den USA ausgebildeten Sopranistin Maria José Fabara zur Aufführung bringt und erklärt. Ein Programm, das man sonst in Quito eher nicht zu hören bekommt. Knapp vierzig Zuhörer haben sich in dem privaten Konzertsaal im Untergeschoss von Vásconez’ Wohnhaus im Vorort Cumbayá versammelt. In Nicht-Corona-Zeiten könnten es zwischen ein- und zweihundert sein, nach augenblicklichen Regeln darf nur ein Drittel der Plätze besetzt werden.

Im November 2005 öffnete die „Casa del Piano“ offiziell ihre Pforten. „Eigentlich habe ich mit diesen Gesprächskonzerten schon vorher angefangen. Ich wollte meinen Klavierschülern etwas bieten, das über den reinen Unterricht hinausging. Die Schüler selbst fanden das nicht wirklich spannend. Aber ihren Eltern gefielen meine Konzerte, dann kamen auch deren Freunde, und als wir den heutigen Saal schließlich eröffneten, hatte ich hier 200 Leute im Publikum!“

Ausbildung am Konservatorium von Quito, Studium in Essen

Iván Vásconez lernte Klavier unter anderem am Konservatorium der ecuadorianischen Hauptstadt, aber ein eigentliches Musikstudium gab es in jener Zeit in Ecuador noch weniger als heute. So ging er nach seinem Abitur an der Deutschen Schule Quito im Jahr 1991 nach Deutschland und studierte dort an der Folkwang Universität Essen bei Catherine Vickers Klavier und anschließend Kammermusik bei Vladimir Mendelssohn. Anders als viele seiner Landsleute aber blieb er nach dem Konzertexamen nicht in Deutschland, sondern kehrte Ende der Neunziger Jahre in seine Heimat zurück. Die Verbindung zu seinem Studienland blieb: Das von Vásconez während seines Deutschlandaufenthalts gegründete Turina-Klavierquartett reiste 1999 zu Konzerten nach Quito, Cuenca und Guayaquil.

Der Kammermusik gilt von jeher die große Liebe dieses Pianisten: mit dem Geiger Santiago Mora und der Cellistin Elza Erazo (zuvor Gerhard Garreis) spielt er seit rund zwanzig Jahren in einem Trio, das regelmäßig in der Casa del Piano auftritt. Zuletzt im Mai dieses Jahres mit dem B-Dur-Trio D 898 von Schubert. Mit Santiago Mora bestreitet Vásconez immer wieder auch Duo-Programme in der Casa de la Música, dem wichtigsten Konzertsaal Quitos.

Kammermusik, Oper, Jazz – vieles geht, wenn man will

„Conciertos-Tertulias“ nennen sich die monatlich stattfindenden musikalischen Begegnungen in Cumbayá. „Tertulias“ (nach dem antiken Schriftsteller Tertullian) waren die vor allem um die Wende zum 20. Jahrhundert beliebten literarischen Salons auf der iberischen Halbinsel und in den lateinamerikanischen Kolonien. Die Themen der daran angelehnten „musikalischen Salons“ sind nicht auf klassische Kammermusik beschränkt. Es gab auch schon Jazz-Abende und Mozart-Opern in Kammerversion, bei denen Podium und Zuschauerraum zu einer einzigen großen Bühne verschmolzen. Iván Vásconez vermittelt Musik in einer Form und mit einem Kenntnisreichtum, den man in den Konzertprogrammen der Stadt Quito vergeblich sucht.

Daneben unterrichtet der ausgebildete Klavierpädagoge viele Stunden am Tag, irgendwo zwischen deutschen Expats und ecuadorianischem Bürgertum. Als es vor Corona noch richtige Gottesdienste mit Musik gab, konnte man ihn in der deutschen katholischen Gemeinde von Quito regelmäßig in der Messe hören. Von klassischer Musik zu leben ist in keinem Land dieser Welt einfach, zumal in Pandemie-Zeiten. „Aber in Deutschland wäre ich einer von Unzähligen gewesen. Hier habe ich das Gefühl, dass es einen Unterschied macht, ob ich da bin oder nicht.“ 

Casa del Piano, Via Santa Inés, Cumbayá, nach der Kurve auf der linken Seite. Einladung zu den Gesprächskonzerten per WhatsApp unter 00593 998 982 504

26. Juni 2021

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Musik

„Nur ein Don Quijote kann so arbeiten“ – der Komponist Luis Humberto Salgado

Im November 1968 nahm das „Estradenorchester“, ein Ensemble des in Ostberlin ansässigen Deutschlandsenders, die „Suite Ecuatoriana“ von Luis Humberto Salgado auf. Es ist vermutlich die einzige Rundfunkaufnahme eines Werkes dieses Komponisten aus Ecuador, der sein Heimatland niemals verlassen hatte. Salgado war zum Zeitpunkt der Aufnahme 65 Jahre alt; er hatte bereits sechs Sinfonien geschrieben (neun sollten es werden), vier Opern, drei Klavierkonzerte, mehrere Kammermusikwerke und unzählige Kompositionen für Klavier.  Vor wenigen Wochen ist die erste Einspielung aller neun Sinfonien mit dem Sinfonieorchester von Cuenca unter dem deutschen Dirigenten Michael Meissner erschienen. Auf YouTube findet man eine neue Aufnahme des unterhaltsamen Bläserquintetts von 1958,  ansonsten jedoch nur vereinzelte Klavierstücke in eher fragwürdiger Aufnahmequalität.

Auch in Ecuador sind Salgado Werke noch weitgehend unbekannt

Wer war dieser 1903 geborene Luis Humberto Salgado, dessen Name auch heute in Ecuador kaum bekannt ist? Sein Vater Francisco Salgado war musikalischer Autodidakt und begann erst mit über dreißig Jahren an dem im Jahr 1900 gegründeten Konservatorium von Quito, der Hauptstadt Ecuadors, ein Musikstudium. Als Dozent und später sogar Direktor des Konservatoriums nahm er die musikalische Ausbildung seiner ältesten Söhne selbst in die Hand. So erfolgreich, dass die Brüder Luis Humberto und Gustavo ausgezeichnete Klavierspieler wurden. Nur gab es im Quito der Zwanziger Jahre schlichtweg keinen Bedarf an klassisch ausgebildeten Pianisten Während Gustavo schließlich doch Jura studierte, verlegte sich Luis Humberto früh auf das Komponieren. Schon zu Schulzeiten verdingte er sich zudem als Begleiter von Stummfilmen in den lokalen Kinos; ein Versuch, über eine Anstellung als Leiter der Blaskapelle im kolumbianischen Túquerres in die USA auszuwandern, scheiterte ebenso wie die von ihm später wohl nur halbherzig verfolgte Bitte um ein staatliches Stipendium für einen Europaaufenthalt.  

Es blieb ihm schließlich die Anstellung an demselben Konservatorium, an dem schon sein Vater lehrte, und wo er bis zu seinem Tod im Jahr 1977 Kontrapunkt, Harmonielehre und Gehörbildung unterrichtete. Ansonsten lebte Salgado weitgehend in seiner eigenen musikalischen Welt. Einer Welt, in der er unermüdlich neue Werke schuf, die den Mitgliedern des 1956 gegründeten Nationalen Sinfonieorchesters als unverständlich und unspielbar galten. Nur seine sechste Sinfonie für Streicher und Pauken von 1968 sowie wenige Kammermusikstücke wurden zu seinen Lebzeiten in Ecuador vollständig aufgeführt. 

Europäische Form trifft ecuadorianischen Melos

Was sind das für Kompositionen? Grundsätzlich eine Fusion von folkloristischen Motiven und Rhythmen mit den klassischen Formen der aus Europa importierten „akademischen“ Musik, wie man in Lateinamerika sagt. In der Klaviermusik oft mit Anklängen an die  europäische Salonmusik, in den Orchesterwerken meist deutlich geprägt durch die Klangfarben der traditionellen lateinamerikanischen Blaskapellen, der „Bandas”. Salgados Hoffnung war es, mithilfe von Kompositionen auf hohem Niveau der einheimischen Musik Anerkennung auch außerhalb Ecuadors zu verschaffen. Kein ecuadorianischer Komponist vor oder nach ihm hat ein derart umfangreiches symphonisches Werk hinterlassen.

In unzähligen musikhistorischen und -theoretischen Artikeln entwarf Luis Humberto Salgado die Vision einer ecuadorianisch-andinen Sinfonieform. Vier Sätze wie in den Sinfonien von Haydn, Beethoven oder Schubert, aber geprägt von den Rhythmen und Harmonien einheimischer oder während der Kolonialzeit in Mode gekommener Tänze: Sanjuanito, Yaraví, Danzante, Albazo, Alza und Aire típico.

Eine ecuadorianische Sinfonie: Die Sinfonia Andina

Salgados in den vierziger Jahren komponierte erste Sinfonie (Sinfonia Andina), die nach diesem Konzept aufgebaut wurde, hat Konzertbesuchern in Quito – nur der zweite Satz wurde 1953 uraufgeführt – vielleicht noch vertraut in den Ohren geklungen. Aber bereits Ende der dreißiger Jahre hatte der Komponist begonnen, sich intensiv mit der von Arnold Schönberg entwickelten Zwölftontechnik auseinanderzusetzen. Mit Verspätung, gewiss, aber der Weg über den Atlantik war weit, Partituren und Aufnahmen gelangten ebenso wie das von Salgado favorisierte Notenpapier aus dem Hause Schirmer nur sporadisch aus Europa und den USA nach Ecuador. Mit Zufriedenheit erwähnt Salgado in seinen Schriften häufig seinen 1944 komponierten „Sanjuanito futurista“ – einen Sanjuanito streng nach den Regeln der Zwölftontechnik, aber im Rhythmus des in Ecuador bekannten Tanzes.  Harte Kost nicht nur für das damalige Publikum.  Salgado nutzte die neue Technik in seinen späteren Werken allerdings niemals exklusiv, sondern stets  als eine Inspirationsquelle unter vielen. 

Das ewige Vorbild: Beethoven

Luis Humberto Salgado: Freundlich, aber introvertiert, von der Arbeit besessen. Immer tadellos gekleidet, diszipliniert, perfektionistisch, verständnislos gegenüber weniger begabten Schülern. Detailversessen in seinen Kompositionen, penibel in seiner Notenschrift, unter jeder Komposition das genaue Datum des Beginns und der Fertigstellung. Sein Ideal war Ludwig van Beethoven: Salgado übernahm dessen Formsprache vielleicht konsequenter, als sie Beethoven selbst je beabsichtigt hatte. Gleichzeitig empfand der in Ecuador einsame Komponist wohl eine Art von Seelenverwandtschaft mit seinem Vorbild – auch Beethoven hatte aufgrund seiner Taubheit viele seiner eigenen Werke nur innerlich hören können. Das Manuskript seiner 7. Sinfonie schickte Salgado 1970 mit einer Widmung zum 200. Geburtstag dem Beethovenhaus in Bonn. “Meine Werke können hier nicht gespielt werden, es fehlt an Musikern, Instrumenten und Interesse”, zitieren Zeitgenossen den Komponisten; „nur ein Don Quijote kann so arbeiten.“ 

Nach der Uraufführung von Beethovens spätem B-Dur-Streichquartett im Jahr 1826 schrieb ein Zeitgenosse, „vielleicht kommt noch die Zeit, wo das, was uns beym ersten Blicke trüb und verworren erschien, klar und in wohlgefälligen Formen erkannt wird.“ Anders als sein Idol wartet Luis Humberto Salgado noch immer darauf, in Ecuador und darüber hinaus erkannt zu werden. 

(20. Oktober 2020, aktualisiert 12. April 2021)

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Musik

„Diese jungen Leute sind die musikalische Zukunft Ecuadors“

Ein koloniales Haus in Quitos historischer Altstadt. Nach spanischer Tradition gebaut um einen offenen Innenhof, der von überdachten Galerien auf drei Stockwerken umrahmt wird. Die Eingangstür zu der vom samstäglichen Treiben belebten Calle Montúfar steht offen. Alleine, zu zweit, zu dritt kommen die Besucher herein. Mit Maske selbstverständlich. Nehmen auf den mit Abstand auf den Galerien aufgestellten Stühlen und Bänken Platz. Erwarten das Abschlusskonzert der Kurse für fortgeschrittene Schüler und Musikstudenten, die der Schweizer Dirigent Emmanuel Siffert und der ecuadorianische Pianist  Andrés Torres in den vergangenen zwei Wochen, der Pandemie zum Trotz, auf die Beine gestellt haben. So wie in den Jahren zuvor. 

Es ist eine der Merkwürdigkeiten dieser Zeit, dass hierzulande alles, was nicht ausdrücklich verboten (Schule) oder eingeschränkt (Autofahren) wurde, irgendwie doch erlaubt ist. Man darf nur nicht den falschen Leuten die falschen Fragen stellen. Und muss für sich die richtigen Antworten geben. Frische Luft? Ja. Fühle ich mich in dieser Gruppe von Menschen wohl? Ja. Also setzen wir uns auf eine der harten Holzbänke, blicken nach unten und harren der Dinge. Emmanuel Siffert begrüßt die etwa fünfzig Anwesenden und erinnert an die mehr als zehn Jahre, die er gemeinsam mit dem jüngeren Andrés Torres in der Förderung des musikalischen Nachwuchses aktiv ist: „Wir wollen ein Zeichen setzen, dass wir weitermachen, auch und gerade jetzt.“ Siffert,  Jahrgang 1967, war von 2007 – 2009 Chefdirigent des nationalen Sinfonieorchesters Ecuadors. Zur Zeit leitet er in Argentinien das Symphonische Orchester von San Juan.

Lernen kann man immer – was zählt ist die Musik

Unter den heute Auftretenden sind einige bereits Bekannte aus den Kursen des letzten Jahres. Die Bandbreite ist groß: Die erst vierzehnjährige Chinesin Jiedan Ding, vor einem Jahr nach Ecuador gekommen, spielt Mozarts Klavierfantasie d-moll KV 397 und setzt sich dabei erfolgreich gegen das schwachbrüstige Keyboard und telefonierende Zuhörer durch. Die erfahrene Mezzosopranistin Andrea Condor, vor wenigen Monaten noch in Guayaquil als „Carmen“ zu hören, präsentiert mit warmem Ton und Nuancenreichtum die Arie der Dalila „Mon Coeur s’ouvre à ta voix“ von Camille Saint-Säens. Dazwischen Trompete, Posaune, Kontrabass, und die junge Violinstudentin Maria Veintimilla aus der Küstenstadt Esmeraldas, die  beim ersten Satz des Bruch-Konzerts eine beeindruckende Bühnenpräsenz zeigt. Andrés Torres begleitet routiniert und lässt sich weder vom rutschenden und klappernden Keyboardpedal, noch durch hupende Motorräder oder die allmählich einbrechende Dunkelheit aus der Ruhe bringen. 

Seit 2015 besteht das Projekt „Fest & Arts“, in dessen Rahmen Siffert und Torres diese jährlichen „Meisterklassen“ für angehende Profimusiker anbieten. Ziel der beiden Musiker war und ist es, einen Raum der Begegnung für unterschiedliche Künstler und Kunstformen im Herzen Quitos zu schaffen. Die hohen Unterrichtsräume sind mit unzähligen Werken ecuadorianischer Maler geschmückt; ein neben uns sitzender professioneller Puppenspieler, Ehemann einer Musikerin, berichtet begeistert von Theateraufführungen, die er hier in Vor-Corona-Zeiten besucht hat. Es braucht nicht viel Phantasie, um  sich das wohl zu Beginn des 19. Jahrhunderts erbaute Haus mit seinen zahlreichen vom Innenhof abgehenden Räumen, den eleganten Holzsäulen und seinem maroden Charme als Gesamtbühne vorzustellen. 

Strahlend und düster in der Pandemie: Quitos Zentrum

Im Anschluss an das Konzert geht es auf die Dachterrasse, wo neben Glühwein und Häppchen vor allem ein spektakulärer Blick auf die schon jetzt hochzufriedenen Besucher wartet: Vom „Panecillo“, dem brötchenförmigen Hügel mit der überdimensionierten Marienstatue, über sämtliche erleuchteten Kirchen der Altstadt ist fast alles zu sehen, was Quito an Attraktionen zu bieten hat. Das Glitzern und Funkeln in der Nacht tröstet darüber hinweg, dass das als UNESCO-Kulturerbe registrierte Zentrum tagsüber zu einer Stätte der Ödnis geworden ist: Die Pandemie hat zahlreiche der kleinen Geschäfte und Restaurants in den Ruin getrieben, die ausländischen Touristen bleiben seit einem Jahr aus.  

Um so wichtiger ist es in den Augen der Konzertorganisatoren, weiterhin Zeichen zu setzen. „Diese jungen Leute sind die musikalische Zukunft Ecuadors“, sind die Worte, mit denen Andrés Torres den Abend beschließt. Emmanuel Siffert wird in der kommenden Woche im kleinen Loja das dortige Sinfonieorchester dirigieren: auf dem Programm steht unter anderem die dritte Symphonie von Antonín Dvorák. Ein im kolonialen Cuenca vorgesehenes Konzert wurde kurzfristig abgesagt. Aber ausruhen, resignieren – das kommt für Beide nicht in Frage. 

20.02.2021

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